“Donde el pulso de Querétaro se aquieta para seguir el ritmo del viento en la cañada, la arquitectura encuentra su lugar sin imponerse: se repliega, observa y dialoga con el silencio.
Aquí, la luz recorre las pendientes con una calma antigua, y cada espacio permanece en equilibrio con el paisaje, respetando su memoria y su tiempo. Un refugio donde lo esencial no se anuncia: simplemente se siente.”